El vínculo entre el docente y sus alumnos, mediado por las tecnologías, que durante tantos años aportaron seguridad hoy están dando paso a nuevas herramientas.
El quiebre que ellas traen aparejado desestructuran la práctica docente provocando diversas reacciones, algunos optan por buscar capacitaciones -como las que brinda el diario en el aula de la fundación La capital- que permitan sumar las nuevas tecnologías a su trabajo diario y a la vez poder interactuar en el mismo idioma que sus alumnos. Mientras que otros se niegan rotundamente a aceptar las nuevas demandas de los estudiantes.
Este vértigo genera diferencias entre pares que luego repercute en el aprendizaje de los alumnos, debido a que estos se enfrentan a realidades contrapuestas cuando cada docente ingresa al aula generando, finalmente, la indiferencia de la clase.
Desde las instituciones debemos generar un único mensaje, superador, viendo el aspecto positivo del uso de la gran cantidad de herramientas tecnológicas que pueden favorecer nuestra labor en el escuela,
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